Que mi tumba sea mi lecho nupcial

 

 


 Cuando pierda todas las partidas

Cuando duerma con la soledadCuando se me cierren las salidasY la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencioCuando cueste mantenerme en pieCuando se rebelen los recuerdosY me pongan contra la pared… 
RESISTIRÉ


 Se nos fueron los fríos eneros, la energía de marzo que arriba con su polen así como alergias no gratas.

Reverdecen mis plantas pero mis pasados huertos, muertos están.

Los años se nos van cual arena entre las manos, vemos su pasar sin recordar que cada día, no es uno más,

Es uno menos.

Aculumé risas, acumulé llantos.

Duchas escuchando “good luck, babe” si saber que nos depararía a mi corazón y a mí.

Volví a hacer y deshacer.

Hice de las mías y a Santa claramente le importó un carajo.

Who cares? 

Borroso tengo mi inicio de año, pero la sensación del agua helada al saltar en cenotes, no se va.

Tomaba la bici para ir al mercado, caminaba por Valladolid a por el recaudo y sus mangos.

Me gustaba el chico inglés que por unos días durmió arriba de nuestra cama en un hostal.

Aprendí a querer a un par de gringas, dejando de lado mi repudio hacia la gente del United.

Para mi cumpleaños ya tenía claro que estaría de vuelta en el viejo mundo, esa fantasía de subirme a una vespa abrazada de un bel regazzo recorriendo recovecos de algún pueblito italiano, se cumpliría finalmente.

Acepté y abracé mi chozilla de Blanca Nieves de la cual, hoy siento que pertenezco más que nunca.

Por ahora.

Cobré cuentas pendientes a pesar de que a la gente le gusta curarse en santidad o en que eso nos defina en que si somos buenas personas o no. ¿Empatía? Es la vida coño, aprende eso.

Who cares?

Yo ya tenía mi as bajo la manga y de repente estaba pisando por sexta vez mi ciudad favorita: Paris.

Nunca olvidaré los ojos de mamá.

Me grabé los brindis con mi hermano, de que por fin, le enseñaríamos a ella aquella ciudad cliché, que tanto significa para ambos.

Y vino Austria. Nunca vi tanta belleza alguna.

Las calles que desearía pasar la vida recorriendo, las tiendas de aquellos Dones que tanto me complacen, las artistas independientes, fabricando bolsos, ropas y postales. 

Aquella boda de mi rubia favorita, si yo no me caso como lo hizo aquella ella, prefiero que mejor mi tumba sea mi lecho nupcial.

Que ruede el vino, los spritz, la comida, la buena música y el Champagne.

No inviten a Tom el suizo, porque me le voy a los besos otra vez aunque sea mi propia boda. Ay no, olvídenlo, porque teníamos a Patrick. Con su buen español, sus ojos azules y esa playera que me dejaba imaginando todo mientras él charlaba con mi madre.

Nunca me sentí más en el presente como aquellos días.

O como en estos. Mi última noche en mi apartamento, jugando a ser bohemia, entre martini y tabaco.

No escribiré sobre aquella Italia, porque apenas si puedo pronunciar su nombre. Las teclas aún no me lo permiten, porque esos meses los metí en un cofre antiguo junto con mi corazón y alma. Lo mejor, es que olvidé dónde puse la llave. Hoy, me da miedo encontrarla un día por casualidad.

Mientras tanto, os comparto a la Oreja, porque era la de Van Gogh, porque les pedí hace años que por favor, hablara de mí, esta noche…


“Yo sigo tu luz aunque me lleve a morir.

Te sigo como les siguen los puntos finales

A todas las frases suicidas que buscan su fin.


Sería posible que yo en el peor de los casos

Le hiciera una llave de judo a mi pobre corazón

Haciendo que firme llorando esta declaración:


Me callo porque es más cómodo engañarse,

Me callo porque ha ganado la razón al corazón.

Pero pase lo que pase

Y aunque otro me acompañe

En silencio te querré tan solo a ti”


Pero igual que se espera como esperan en la Plaza de Mayo,

Procuro encender en secreto una vela no sea que por si acaso,

Un golpe de suerte algún día quiera que te vuelva a ver

Reduciendo estas palabras a un trozo de papel…


Prometo llamarle amor mío al primero que no me haga daño

Y reír será un lujo que olvide cuando te haya olvidado”


La escribo, la escucho y no hay más lágrimas.

A veces pienso, que derramé tantas por su huida que mi río interno se ha secado.

“Todo me parece como un sueño, todavía. 

Pero sé que podré olvidar un día”


“¡Ay! No lo sé, mi vida ya es otra” citando a la tía Camenchi.

Me mastico una alcaparra curada en sal mientras retomo el texto y le contesto a aquel muchacho de ojos marrones.


Abro pestaña para hablar de las suyas, abundantes y jodidamente atractivas.

Dos ojos color avellana que me bastaron mirarlos dos segundos para que como ley de gravedad me atrajeran hasta la silla enfrente de su sitio.

Después, se le ocurrió sonreír.

Y esa risa jocosa cual perrito animado de los 90, rasposa y ausente.

El conjunto me llevaron a la suduración de manos, cual churumbela de educación media.

Le pedí un cigarrillo y contemplamos juntos el paisaje: aquella barbacoa que solía visitar y un conjunto de cables

eléctricos formando un hermoso nudo mortal.

Le señalé con la mano la vista que compartíamos, pero no se percató nunca que mientras él reía de ese kilombo normalizado en nuestro país en desarrollo, yo admiraba la belleza y perfección de su nariz.

“Lo ví, me vió, nos gustamos y no volvimos a separarnos”

Un helado de mamey compartido y que me abriera la puerta al bajar me hicieron vulnerable a sus besos.

Se quedó y no ha vuelto a irse, hasta esta noche.

Le he entregado el control y mis llaves.

Puedo ver nuestro final antes de que este llegue.

Él lo sabe. No dice mucho, siento que se lo come con patatas.

Mi corazón roto en mil pedazos lo toma entre sus manos de princesa y analiza cada pieza, como quien juega con un rompecabezas antes de hacer el primer movimiento.

Él  lo sabe y no dice nada.

Él lo sabe y me toma entre sus brazos con tanta ternura con la que nadie lo había hecho.

No me recuerda a nadie que haya conocido.

Gracias por eso.


Así como llegan nuevos universos, otros se fueron y me refiero a Brujita, con la que seguro me seguiré encontrando en todas mis vidas.


Re leí viejas entrevistas sobre aquella Elena poderosísima que sentía que todo lo podía. Sin nostalgia ni anhelo, sonreí al recordarla.

Hoy, no habrá lista de deseos ni absurdos propósitos, porque la vida siempre me ha sido buena conmigo, cumpliendo cada nueva ocurrencia así como viejos sueños.

El tesoro más grande sigue conmigo, me pertenece y lo tendré toda la noche sentados frente a mí, brindando por la abundancia, nuestra salud y este amor infinito.

Le robo nuevamente las palabras a Violeta Parra y doy gracias a la vida que me ha dado tanto.

¿Qué depara este nuevo ciclo? No lo sé.

¿Acaso no te encanta no saberlo?

Qué delicia. 

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