Brujowski Paula

 Con amor para ti, Brujita.




Recuerdo la primera vez que te vi. Abrieron la puerta del taller de pan rústico y tú colgabas del asiento de una silla, de cabeza, como un bello y pequeñito murciélago. 

Habíamos más personas en la habitación pero tú me seguiste a mí a lo largo del pasillo.

No sabía exactamente como iba a ser nuestra nueva vida juntas ni muy claro de qué iba a hacer contigo y tus desastres en nuestro apartamento, pero desde que entraste a casa, mis vacíos salieron por la ventana.

Adopté una pequeñita trampa mortal, un tornado destructor de plantas y objetos ajenos pero cuando por fin te cansabas, te convertías en mi angelito guardian.

Tu primer baño, la mochila en la que te paséelos por mi lujosa colonia de aquel entonces, el primer viaje en coche. Te adaptaste tan fácil a cada uno de mis caprichos como tu nueva madre.

Te vi crecer a mi lado, siempre cercanas.

Mi niña, mi reina, mi nena, mi musa.

Llegaron las noches de tormenta, ondas inmensas de dolor, ansiedad y soledad y tú, sin pedírtelo, llegabas de inmediato para acostarte sobre mi pecho y rescatarme. Combatiste tú sola con cada uno de los pequeños y grandes monstruos que se asomaban en la cama, luchaste como la pequeña fierilla que eras. Tú, mi heroína.


Brujita, hoy quiero

Desde este agujero

Decirte que muero por ti.

Tal vez esté escrita

Mi vida, brujita

Tal vez te llegue a perder

Pero, ¡cuánto te quiero

Mi amor verdadero!

Sin ti, está mal hecho el mundo.


Una vez enfermaste y pensé que llegaría a perderte. 

Mi vida adulta y mundana se detuvo, todo se pausó, el terrible miedo de perderte me invadió

E hice todo lo que estuvo en mis manos para salvarte. ¿Recordás como te suplicaba que no me dejaras?

Sanaste y supe que dentro de muchos años, un día vería caer la luz de tu mirada y que cuando llegara ese momento, una parte de mí se iría contigo.

Así que decidí llevarte en mi piel para el resto de mis días.

Te cantaba, te besaba y te recitaba poemas mágicos, como este de Sally Owens:


“A veces, siento como si hubiera un agujero dentro de mí, un vacío que parece quemar. 

Pienso que si acercaras mi corazón a tu oído podrías escuchar el océano.

Tengo el sueño de sentirme completa, de no dormir deseosa. Todavía,

Algunas veces, SUEÑO CON UN AMOR QUE HASTA EL TIEMPO SE DETENDRÁ A CONTEMPLAR.

Me gustaría ser amada, ser vista.

Pero no lo sé, talvez ya tuve suficiente.

No hay nadie, sólo la luna y tú, Brujita.


Mi primogénita, quien se convirtió en hermana mayor cuando Xamán llegó a nuestras vidas y aunque enloqueciste de celos el día uno, al siguiente pudiste ver el sufrimiento que había en sus ojos y entonces, con toda delicadeza y elegancia decidiste recostarte a su lado y nos hiciste sentir a todos que a tu lado… estábamos a salvo.

Rejega, peleonera pero también accediste a nuestro mágico y tierno fauno, con quien te acompañaste cada día que yo tenía que marchar para mantener nuestra pequeña familia de cuatro.

Porque los cuatro éramos uno.

Me aferré a un hogar que al que ya no podíamos pertenecer por pensar en su comodidad más que en aparentar y sentí que les fallé cuando conocimos nuestra chozilla de Blanca Nieves; entonces me mostraste tu magia gatuna. Dejamos los miedos de un lado y empezaste a correr, trepar, perseguir, aprendiste a revolcarte en la tierra, a escalar árboles y a entrar a casa con mi llamado. 

Fuimos una familia feliz, pero tenías una última lección pendiente que darme, mi pequeño misterio… que nadie jamás resolvió.


Que nadie es dueño de nadie.

Que todos tienen su tiempo y que a quien más quieres te puede lastimar.

Me obligas a comprender, a aceptar el rechazo, a perdonar y a ceder.

Contigo, pude resignar lo material y compartir mi espacio.

Inoculaste mi soledad, silencios y ausencias.

Me exigiste respeto, atención y distancia.

Me hiciste saber que con el amor… no alcanza.


Sueño que vuelves, te alucino en mis madrugadas frías, vagando por las calles

Y entrometiendo en terrenos baldíos, imaginando que volveré a encontrarte.

Tu ausencia me corta como un bisturí sin excepciones.

Te fuiste y te llevaste contigo otro amor.

Debo continuar amor mío, deseando que en donde sea que estés, descubran tu magia; valoren el ser místico, noble y maravilloso que eres.

Nunca dejaré de soñar con volverte a tener entre mis brazos 

Pero si no lo hago, te buscaré en todas mis vidas.

Mi eterna gratitud, por haberme salvado más de una vez la vida.

Brujowski Paula Centeno… “Brujita”

Con amor, tu mami.

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